
En plena acera la femeneidad diferente desplegó su vuelo,
Con sus largos vestidos atraídos por el viento.
Desde la tierra la masculinidad ofrecía hasta su vida por alcanzar su nombre.
Libertad.
Mi orgullo dice que ansia saciar su sed,
También con la soledad te digo, nosotros podríamos perecer,
Que ya no posees sentidos,
Que ahora sólo son viejas y gastadas carcasas de armazón,
Las que cubren los maravillosos colores de tu esplendor,
Despierta ya, es el más grande grito, despojado de su pudor,
Y te digo, correrán las horas,
Pasarán lo días,
Escucharas en invierno inocentes melodías.
Recuerdas cuándo yo no veía.
Desde los cielos la femeneidad sentía que lo perdía.
Sabiduría.
Sin remedio, mucho menos solución,
Cómo hacer que el viento caiga,
Si no estás alrededor,
Como un agua en el otoño,
Que te busca… que te busca perdiendo locamente la razón,
Y que las luces de colores te dejen viajar,
Compartimos juntos el anhelo, ese es alcanzar los cielos,
Son tus manos las que escriben bellos versos,
Mágico sueño es despertar y verte una vez más,
Envuelto en el lienzo que pintamos abanderando el sentimiento del amor.
La dama vestida de blanco maravillosa combinación,
No se queda atrás se ve sobrio de seguro es todo un señor,
La femeneidad que lleva a la liberación,
Masculinidad, ensimismada por una sabia sensación,
El camino de los dos, sería una perfecta unión.